Cliente:ICUB/Arxiu Fotogràfic Barcelona
Date:marzo 21, 2019

FOTOMEMORIAS en el Archivo Fotográfico de Barcelona

http://ajuntament.barcelona.cat/arxiumunicipal/arxiufotografic/es/actividades/taller-para-la-tercera-edad-fotomemories-en-el-arxiu-fotografic-de-barcelona

Iniciamos el proyecto de Fotomemorias con un grupo de mujeres del casal de gente mayor de la Ribera, son mujeres muy arraigadas al barrio donde han pasado toda o la mayor parte de su vida. Lo conocen en profundidad y han vivido sus cambios y evolución.

Durante doce semanas estaremos trabajando con ellas a través de las imágenes de sus álbumes familiares y también con imágenes del Archivo fotográfico de Barcelona, entidad que acoge el proyecto.

Fotomemorias nace con la voluntad de ayudar y estimular  por medio de la fotografía. Dado el potencial de las imágenes, como realidad que provoca la memoria instantáneamente, remite a un lugar o estado, persona, sentimiento o emoción de forma directa, y como lenguaje universal, que todo el mundo entiende e integra con facilidad, pensamos que podemos construir con ellas un diálogo y una práctica fotográfica interesante. A lo largo de las sesiones realizadas, hemos constatado que la fotografía reaviva la memoria y el recuerdo: basta con mirar detenidamente una fotografía del pasado, para que inmediatamente aparezca una parte de la historia que todos llevamos dentro.

”Qué recuerdo, teníamos vacas en el barrio de Poble Nou, llevábamos la leche a Barcelona, encima del carro, el caballo que teníamos había sido del ejército, digo esto por el susto que tuvimos, un día viniendo del Poble Nou, llevando la leche a la tienda de Barcelona, pasamos por delante el cuartel de la calle Comercio´, en aquel momento tocaron diana y ¿que pasó? Pues el caballo al escucharlo se posó a marcar el paso, y el carro…. Bailaba a su compás. El susto por mi parte, tremendo, quería saltar del carro, mi padre ríe que reirás, me cogió para que no saltase; lo pasó en grande. Ahora también me hace gracia a mí. Pero entonces…. Sin comentarios.”

La fotografía es primordialmente un medio para conservar un recuerdo en imágenes, pero a la vez es mucho más que esto, es un estímulo dinámico para la compresión, la asociación e interconexionado de conceptos, de ideas, de experiencias y, incluso, es punto de partida para incentivar la imaginación. Esta interpretación de la fotografía como fuente para la memoria nos parece más sugerente que la idea de seguir potenciando el sentimiento nostálgico, del que, por otro lado, cabe fotografía se puede desprender.

Observar el anverso y reverso de las fotografías nos hace fijar en los diferentes estratos de tiempos que contiene como objeto; arrugas, textos que se superponen, rotos, cosidos, manchas… Nos hablan del viaje de una imagen a lo largo del tiempo. Giramos las imágenes buscando algún texto qrue nos dé más pistas, los leemos, reflexionamos.

En el transcurso de las sesiones, les proponemos diferentes actividades que provoquen la charla y el recuerdo de sus vivencias respecto a las fotografías procedentes de sus álbumes, como también  las del fondo del Archivo, en algunos casos se establece una conversación entre todas, porque la fotografía muestra una escena que tienen en común en sus memorias.

El proyecto propone nuevos caminos y estímulos, y tiene como propósito crear un enlace entre pasado y presente estableciendo puentes e intentando conseguir nuevas conexiones que todavía existen a través otras memorias, como la memoria emocional. Pero también en la medida en que intenta ser imagen de un intercambio de miradas, sin otro propósito que este mismo intercambio, la fotografía puede ser un camino para ensanchar la comunicación y la apertura entre las participantes.

“Trajinando un carro”, fotografía de Frederic Ballell Maymí, 1917,  AFB. Podemos ver a un hombre trajinando un carro, otro carruaje y diferentes establecimientos comerciales, mientras la gente pasa por la calle.

Manolita nos explica: ”… me gusta porque es una foto muy antigua, y me hace gracia esto de los carros… mi padre trabajaba en la Plaza de Ocata, aquí delante la estación, al lado hay una plaza así, que entra, no sé si quizás ya no está la plaza, mi padre trabajaba… era el que iba a comprar al Born todas las viandas, por los trenes del Wagon Lits, ahora ya no existe, ya es de la RENFE, él y mis hermanos han trabajado allí, uno ha sido camarero y el otro era ebanista, el que se me murió, también estaba de carpintero, mi padre consiguió meterlo en la estación, porque cuando venían los trenes tenían que entrar y cincelar una puerta rota, y cambiaban las alfombras…”.

 

“Peatones paseando por La Rambla”, fotografía de Frederic Ballell Maymí, 1915, depositada en el AFB. Vista parcial de La Rambla de las Flores o de Sant Josep llena de peatones. En primer término, unas floristas atendiendo a sus clientes.

Las participantes entran en conversación explicando su relación con la Rambla o sus comercios:

Teresa nos dice: “… la Boquería era muy bonita, mi hermana estaba en los lavabos de la Boquería, se cuidaba de ellos, estuvo dos o tres años o más , trabajando ahí…”.

O Pepita nos explica: “… a mí me tocaba los domingos, hacía de carabina, – me divertía mucho-, mi hermana con el soldado al lado, porque él hacía el servicio militar en la Estación del Norte, llevaba un trenecito, y cada domingo venía, ¡ah! y hacia abajo había la Avenida de la luz, aquello sí que me gustaba, porque en la entrada había un hombre con una ratita de cartón, con un rodillo debajo atravesado por un cordel, cuando lo soltaba el ratón corría, y cuando me compraban un ratón yo ya estaba contenta, ya tenía el bicho para distraerme y mi hermana el otro, ella junto a Magí…”.

Manolita añade: “… yo iba mucho a pasear con mis padres por la Rambla, mi padre tenía fiesta los miércoles, porque los domingos también trabajaba, y como yo era pequeña, ellos se iban mucho a pasear, ¡a la Rambla!, no fallaba y me  llevaban  a mí…”.

La experiencia de la Aurora no obstante, era diferente: “… yo la atravesaba a las 6:30 de la mañana, para ir al metro a primera hora cuando abría, para ir al colegio a St Josep de la Montaña, porque mi padre trabajaba en el Parque Güell, y el colegio lo tenía en las Esclavas del  Coro de María, y cada mañana, tanto yo como mi hermano íbamos hacia arriba, o sea yo la he paseado pero no para disfrutar, porque era muy pequeña, tenía nueve o diez años, diez no, que ya me internaron, y después cuando teníamos por la tarde más tiempo, con mi madre, alguna vez, íbamos a ver las flores, era muy típico…”.

Hacemos un trabajo de re-significación de las fotografías, les proponemos trabajar el collage fotográfico, desconstruyendo las imágenes para volverlas a construir, creando una composición libre, llevándolas a su propia experiencia. Les planteamos algunas cuestiones para iniciar el trabajo:

¿Para que sirven las imágenes?, ¿qué explican de nosotros?, ¿qué nos dicen del mundo?, ¿nos gustan, o no?, ¿nos interesan?, ¿las leemos?, ¿las entendemos?, ¿las transformamos?, ¿construímos nuestra imagen?

Previamente a “La imagen que habla”, hacemos unos ejercicios para decidir qué explicaremos y qué no explicaremos de la fotografía elegida, les hacemos observar las imágenes, pensar y escribir en un papel todo aquello que explicarán del audio que grabaremos.

Miramos las fotografías que van trayendo, son imágenes de momentos íntimos, familiares, de amistades, historias de todas partes, memorias universales a la vez que personales y únicas. Hablamos, leemos el anverso de las fotografías, los recuerdos surgen. Abrimos debates colectivos, para enriquecer las experiencias y darnos cuenta de las similitudes y las distancias entre las historias, los lugares comunes nos acercan creando mucha satisfacción entre las participantes.

Les hemos mostrado también imágenes de oficios antiguos, que se han perdido o transformado mucho, para ver si los recordaban o los conocían iniciando una conversación donde han descrito muchas curiosidades. En un momento posterior les hemos enseñado algunas imágenes más antiguas aún, del fondo del Archivo, de varios oficios que se veían alrededor de las Ramblas y han hecho algunos comentarios:

Frederic Ballell Maymí, imágenes del depósito del AFB, todas de 1907, de izquierda a derecha: “Hombres llevando carteles anunciando Sopa de Nieve”, “Repartidores de diarios” y “Conductores de tranvía haciendo un descanso”.

Aurora recuerda ver a los hombres-anuncio y explica:

“El hombre-anuncio: recuerdo el hombre-anuncio, era el que llevaba como un escapulario, hecho de madera o cartón con el enunciado de teatro, cine, restaurante, y todo lo que se pudiera vender, según tengo entendido ellos eran personas de pocos recursos y lo hacían para poder cobrar un dinerito para vivir ellos y los suyos durante unos días, yo lo recuerdo de muy pequeñita, y mi padre lo había tenido que hacer, todo esto pasada la guerra, de todo se hacía un oficio, mi padre había sido actor y creo que lo debía de hacer muy bien, y ya está.”

En la siguiente sesión hemos compartido nuevamente con las participantes algunas imágenes del Archivo, esta vez de temática festiva, para que expliquen sus vivencias. En el caso de Carnaval, han comentado que durante el franquismo estaba prohibido oficialmente y su celebración quedó limitada al ámbito privado, algunas no tienen recuerdo de las celebraciones en la calle que tantos años antes se habían hecho, pero sí en el entorno familiar, otros no lo celebraron hasta años más tarde.

A la izquierda: Carlos Pérez Rozas: “El Carnaval”, 1935. Entierro de Carnaval.
A la derecha: Carlos Pérez Rozas: “El entierro del Rey de Carnaval”, 1935. Asistentes a la fiesta popular en la Fuente de los Jardinets de Gracia.

Nuria nos explica respecto al carnaval: “La primera fotografía que tengo del carnaval era de baturra, me pusieron un pañuelo en la cabeza que parecía gallega más bien, y tengo una foto con unas castañuelas, a mí me gustaba mucho ir disfrazada…, y después ya un poquito más mayor tendría 8 años, de mejicana, era una falda de mi prima que era larga, a mí me iba larga, una blusa blanca y un sombrero de paja, que no era mejicano ni nada, pero para mí sí…”

Y Pepita: “… Por falta de medios, yo creo que el bolsillo no daba y a todo mi alrededor nada de nada, la primera vez que me disfracé tenía catorce años, con un quimono auténtico japonés, que era de la hija del sastre donde yo cosía, me lo dejó y fui a un baile…”

También Rosa nos dice:”Pues yo solo me disfracé una vez con una cortina que había en una puerta de la cocina, que era de flores, y me hicieron como un cuadrado aquí atado a la cintura como unas faldas, y mi hermano, un quimono que nos dejó María la tintorera, que era una señora que tenía una tintorería aquí abajo, y tengo una fotografía arriba de la azotea…”

En la siguiente sesión Rosa ha traído algunos documentos, con fotografía o sin ella, que acreditan momentos históricos dificíles como la posguerra, y nos explica el valor de aquellos papeles que permitían a las personas viajar de una provincia a otra, o su testimonio de algún hecho insólito. A la izquierda el documento que acreditaba el dinero requisado a los republicanos después de la guerra, a la derecha una cédula de recaudación personal.

 

LA IMAGEN QUE HABLA:

La memoria en general es muy subjetiva, y las memorias significativas de una persona son únicas para aquella persona… El valor real aquí tal como lo vemos, es proporcionar a la persona una colección de imágenes personales significativas que ayudarán a mantenerlos conectado con su entorno único, a través del proyecto: La imagen que habla. En este caso trabajaremos con imágenes de sus álbumes o cajas familiares, les damos la palabra y nos cuentan…

 

 

 

 

 

 


Autor desconocido: Cine Triunfo, 1908. Imagen procedente de internet.

 

 

 

J. Domínguez: Avda. Diagonal. La ciutat se transforma, 1924. Imagen del fondo del AFB.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pérez de Rojas: Monas de Pasqua, 1946. Imagen del fondo del AFB.