Cliente:Fundación Joan Miró
Date:noviembre 15, 2018

SEÑAS DE IDENTIDAD. RETRATO DE MUJERES.

Proyecto fotográfico diseñado por CliCme, en colaboración con la Fundación Joan Miró y la Asociación Hèlia, desarrollado en varias sesiones, como resultado una muestra expositiva en el espacio 22 de la Fundación. Queremos agradecer la colaboración de FUJIFILM EspañaWonder Photo Shop y Casanova Foto por su aportación al proyecto.

Ver en este enlace la entrada sobre el proyecto que se ha publicado en el blog de la Fundación Joan Miró: https://www.fmirobcn.org/blog/es/2019/01/17/solo-miradas-mujeres-resilientes/

PArtimos de la exposición ”Lee Miller y el surrealismo inglés”, y nos centramos en el trabajo de Lee Miller, surge la oportunidad de realizar un trabajo de accesibilidad en la Fundación. Pensamos que es una buena oportunidad para ofrecer un proyecto de género, nos haremos varias preguntas: ¿Qué tienen que ver los conceptos de género o clase social con la fotografía? ¿De alguna manera nuestra mirada y las fotografías que producimos reproducen una perspectiva sexuada en el mundo? ¿Hace el género la diferencia? El género no afecta las habilidades, pero, ¿puede entorpecer el acceso a las creaciones hechas por mujeres?

Desde los comienzos de la fotografía, al siglo XIX, las mujeres se han implicado en todos los aspectos de la cultura fotográfica. Han tomado fotografías, las han ordenado y recopilado, y han sido el tema de innumerables imágenes gráficas… La obra de Lee Miller nos invita a desarticular la historia unívoca y patriarcal de la fotografía. Con el objetivo de desarrollar un proyecto de género de mujeres que se miran, y explican.

Las fotografías son impactantes y forman parte de nuestra vida diaria, nuestros mundos están llenos de imágenes. La fotografía ha grabado los momentos más importantes, no sólo de la historia mundial, sino también de la vida de cada uno, es a la vez pública y íntima, ahora especialmente compartida por medio de las redes.

Desde sus comienzos en el siglo XIX, las mujeres se han implicado en todos los aspectos de la cultura fotográfica. A pesar de que históricamente, las mujeres han sido tratadas en las imágenes fotográficas como objetos de belleza, en el siglo XIX la fotografía consolidó el mito del genio masculino, en el cual la mujer se define como musa bella e inspiradora de la creatividad masculina. Las figuras del artista y “su” modelo femenino son una personificación de esta imagen patriarcal del artista. Se supone que el artista es hombre, mientras que el objeto de su arte es el cuerpo femenino.

En el siglo XX, las fotógrafas han utilizado su obra para desafiar esta imagen del artista y este estereotipo de la feminidad. La historia del movimiento de la mujer y la historia de la fotografía se entremezclan en este período. El movimiento de la mujer del siglo XX reconoció que la cultura es una cuestión política y utilizó la imagen visual, y específicamente la fotografía, para explorar sus objetivos políticos. Las fotógrafas asociadas con las vanguardias europeas de los años veinte fragmentaron y desestabilizaron la imagen fotográfica para crear nuevos tipos de feminidad radical.

En muchos aspectos, el renacimiento del movimiento artístico femenino en Europa y Norteamérica en la década de 1970 fue un tímido retorno a las prácticas políticas y fotográficas de las fotógrafas de los años veinte y treinta. Las mujeres reexaminaron las cuestiones de identidad, el poder y la sexualidad mediante imágenes que desafiaban las formas convencionales de ver el arte y de representar el cuerpo femenino y ofreciendo nuevas imágenes de la sexualidad y el placer. De esta forma se desmantelaba la jerarquía cultural y patriarcal del artista masculino y la modelo femenina, como creadoras y sujetas de la imagen, las mujeres reclamaban el control de su propia identidad.

Proponemos al colectivo de mujeres de la Asociación Hèlia, este proyecto fotográfico y expositivo, partiendo de un exponente de estas mujeres vanguardistas, la fotógrafa Lee Miller, y de la exposición ’’Lee Miller y el surrealismo inglés’’, de su obra y particular mirada, para traerlo a su terreno, retratando sus realidades, vivencias y experiencias.

Algunas fotografías de Lee Miller en la exposición:

La visita a la exposición, la reflexión y el debate provocados por las imágenes, así como la aportación del trabajo realizado se materializará en las fotografías. Trabajaremos el ámbito del autorretrato desde la visión y experiencia de cada una. Os invitamos a mostraros, desde la oportunidad que da una cámara, para enseñar aquello que quereáis de vuestras realidades, construyendo un autorretrato de momentos, personas, objetos, paisajes o el que hayáis escogido, empleando la fotografía como una herramienta de expresión y potencial creativo para explicar, descubriendo y mostrando vuestra mirada, reflexión y relación con el mundo.

Les planteamos las sesiones de trabajo semanales, les pedimos tareas fotográficas a desarrollar entre semana en su casa, les damos materiales diversos de consulta y les sugerimos que pueden hacer un diario con anotaciones e imágenes, para trabajar en paralelo al que hacemos en las sesiones de trabajo con nosotras. Todo con el fin de descubrirse, retratarse y crear una buena recopilación de material fotográfico para la muestra.

Queremos inspirarlas mostrando el trabajo otras fotógrafas con sus miradas y temáticas tan distintas como Jo Spence, Cindy Sherman, Kaylyn DeveneyAna Casas BordaSally Mann o Claude Cahun, profundizando en el trabajo de Lee Miller:

Retrato del espacio, cerca de Siwa, Egipto, 1937 / Máscara de fuego, Downshire Hill, Londres, Anglaterra, 1941.

Revisar conjuntamente algunas obras como estas de Miller nos ha servido para hablar de cómo abordar el retrato y el autorretrato, qué connotaciones pueden tener, desde qué perspectiva o con qué lenguaje lo haremos, etc. Nos damos cuenta de que cualquier imagen que captamos habla de nosotros y no deja de ser un autorretrato, que muestra como miramos, observamos y mostramos algún objeto, entorno, situación o persona.

Esta reflexión y debate nos sirven para introducirlas en la práctica de retrato de plató, que hacemos en la 1ª sesión, en dos sets fotográficos que preparamos con iluminación artifical, uno en b/n y el otro en color, así como en el entorno exterior, que nos servirán para iniciar la experiencia fotográfica. Mirad algunas muestras que hemos seleccionado:

“A veces he tenido que pasar por caminos difíciles para llegar a destinos maravillosos. Iniciar un nuevo camino asusta, pero después de cada paso nos damos cuenta de lo peligroso que era permanecer inmóvil.”

“Seré la persona que quiera ser”.

“Nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces. Todas las pruebas de fuego sirven para saber donde estás, son buenas.”
“Entrénate a ti misma para soltar aquello que temes perder.”

“Las cosas vienen cuando tienen que venir. Nunca esperes que vengan cuando tu lo desees. Relájate y actúa bien y lo positivo acabará llegando. Haz el bien en tu vida para ti misma.”

Seguimos con el trabajo de retrato y añadimos un nuevo ejercicio donde las participantes se fotografían a partir de objetos que han elegido y traído para la sesión, que las describan, ¿cómo hablan de nosotros los objetos? ¿ que hay de nosotras en ellos?:

Entre todas estamos construyendo un diario-relato de la experiencia, con aquellas imágenes que más nos gustan acompañadas de palabras, pensamientos, ideas.

“El amor y la luz son poderosos. No obstante, no lo pueden todo. Para las personas de corazón grande esto es difícil de comprender.Es complicado cambiar el mundo. Aun así puedes mejorar tu universo. No dejaré nunca de estimar, luchar, soñar. Pero siempre habrá luces y sombras.”

“Mi casa es reducida como el exponente negativo que marco mi pasada vida. Mi casa es también inmensa, como la ilusión que he puesto en mi nueva vida.”

En el transcurso de las sesiones hemos trabajado varias temáticas, individualmente y en grupos, como también hemos visitado la exposición para comprender mejor la vida y obra de Lee Miller, otra mujer superviviente y transgresora, así como su entorno surrealista. Sus fotografías han sido una vez más un estímulo para hablar de temas que nos interesan, gustan, afectan o rechazamos, que queremos tratar o que nos sorprende descubrir en imágenes de otra mujer. En su trabajo, observamos con interés el contraste entre las imágenes de la esfera pública y privada, del trabajo publicitario y el más personal, las diversas facetas profesionales de Miller, que nos proporcionan tantos matices para comentar.

”Las protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen: siguen adelante, porque todas luchan por algo”.



“En proceso de reconstrucción: La fotografía, un camino…
La fotografía como uno de los caminos que trae a la reconstrucción personal.

A través de la cámara puedo expresar lo que quizás no podría con otros medios.”

“Saliendo de la oscuridad, tomando fuerzas para salir adelante, con mucha fortaleza.”


Teníamos como objetivo que el hecho fotográfico fuese un catalizador de la experiencia vivida y de su capacidad creativa, sanadora y de empoderamento.  Esta muestra es el resultado de todo este proceso, que nos confirma esta intención y su magnitud, será expuesta en la Sala 22 de la Fundación Joan Miró.

“Hacer fotografías: una gran experiencia donde puedo expresar mis sentimientos, una forma diferente de ver la vida, donde puedes sentir y expresar que de todas las circunstancias puedes salir”.

“La mirada desde una cámara fotográfica resulta liberadora. Maravilla como herramienta para crear y como vector para explicar vivencias y expresar sentimientos. Es muy curioso que cuando coges la cámara puedes acercar y alejar el objetivo, metáfora de adentrarte en tu ser, pero a la vez de tomar distancia de tus preocupaciones, que a veces es muy necesario para entender, procesar y seguir avanzando.

Desde estas lentes casi mágicas miro al grupo de 12 mujeres que hemos realizado este revelador taller de fotografía de la mano de dos brillantes maestras fotógrafas: Eugenia Ortíz y Mon Casas, de CliCme, en la Fundación Joan Miró, gracias a la iniciativa de Montse Quer, del Departamento educativo del Museo. Y veo lo siguiente.

Nuestras historias son todas muy diferentes. Podría decirse que el denominador común que nos une es el hecho de haber sufrido alguna discriminación por ser mujer. Discriminación que en algunos casos se ha podido poner de manifiesto en la violencia física, pero que en otros se ha reflejado en aquello tan simple de no respetar el “sólo sí es sí”, o bien en desprecio, o en desdén en el trabajo… Sin embargo, esta discriminación desgraciadamente nos une en cierta forma a todas las mujeres, como también a determinadas etnias, a determinadas clases sociales, a determinadas formas de amar… Vaya, que vivimos en sociedades basadas en un funcionamiento jerárquico y explotador, por lo que poca gente se encuentra al margen de esta estructura dominadora y generadora de odio hacia las personas diferentes, que rompen los moldes, y a veces incluso también hacia una misma. Pues, ¿no somos todas las personas diferentes?

Por lo tanto, creo que es más bonito pensar que lo que nos une a este grupo de mujeres es nuestro coraje. Nuestra resiliencia. Nuestras ganas de sentirnos bien con nosotras mismas y con el mundo. La fortaleza que hemos tenido para acercarnos a la asociación Hèlia Dones en busca de apoyo. Porque, contrariamente a lo que se cree, para ir a pedir ayuda hay que ser muy fuerte y tienes que tener mucha autoestima para aceptar una mano abierta y palabras de aliento.

Nos contemplo desde el objetivo, pero no veo objetos. Veo personalidades ricas y complejas, miradas diferentes a la mía, que me inspiran a tomarme las dificultades con más filosofía. Veo sujetos con una capacidad sorprendente de crear, de sentir, de expresar, de dar y de recibir calor, y también de generar y aprender nuevos conocimientos. Y, sinceramente, siento mucha lástima por aquellas personas pobres por dentro, que no han sabido percibir toda esta belleza y nos han tratado mal.

Cuesta de entender, seguramente no deberían tener las lentes bien enfocadas (puede ser complicado esto de enfocar bien en la vida). Porque, cuando muevo la rueda del objetivo y encuentro ese equilibrio donde puedo captar todo el detalle de lo que quiero mostrar en una imagen, lo que veo en mis compañeras son unos colores muy vivos, que a mí no me producen otro sentimiento que admiración y gratitud.

Siete semanas ha durado un proyecto que nació de un grupo de mujeres, por y para mujeres. En cierto modo, este taller nos ha cambiado la vida desde distintos puntos de vista. A través del objetivo de la cámara, nos hemos dado cuenta que la vida se puede ver desde muchos ángulos, que tiene tonalidades y claroscuros dependiendo de la luz que tengas, que tienes que encontrarte en el momento adecuado y fijarte en los pequeños detalles, aquellos que te permiten vivir el presente, reflexionar, sentir la tormenta, luego la calma y ver las cosas bellas que hay a tu alrededor.

Aprender a usar estos recursos artísticos puede ser muy útil para afrontar esos momentos en los que te encuentras en la oscuridad, apenas ves nada, estás sola y tienes miedo. Son situaciones de las que es difícil salir y herramientas para expresarte resultan excelentes para procesar el sufrimiento, sin que este se enquiste, y emprender nuevos caminos.
Además, iniciativas como ésta son esenciales para generar redes de mujeres que están en situaciones parecidas. Aunque no conoces a nadie y cada una es distinta, cuando estamos juntas, nos une una fuerza y un apoyo que antes no sentíamos.

En este sentido, es importante destacar que este proyecto de la Fundación Miró se ha realizado poniendo el foco en el trabajo en equipo y de cooperación. De hecho, este planteamiento incluso se refleja en el resultado obtenido en la exposición; por ejemplo, al espacio de imágenes de cada una lo construyen fotos tomadas por una misma, pero también las miradas de las compañeras. Vemos, pues, un precioso resultado que refleja esta forma de trabajar, donde nuestras individualidades son partes que hemos trenzado y se han sumado para un objetivo final común, que es la exposición.

Alegría, compañerismo, las ganas de que llegue el día en que tenemos taller, la ilusión de que no acabe nunca esta hermosa experiencia… son algunas de las muchas vivencias que hemos sentido. Y aunque todo tiene principio y fin, nos queda una fructífera semilla de algo tan bello como ha sido enamorarnos de una cámara fotográfica. Esto ya no tiene marcha atrás.

Esperamos que muchas mujeres puedan pasar por la experiencia de este taller, que ha dejado una huella indeleble para toda la vida en estas 12 mujeres.”

Hèlia Dones
4 de enero de 2019